Miró por el ojo de la cerradura que tiene la puerta de su habitación, porque oyó que sus padres se encontraban en una conversación acalorada y uno de ellos subió el tono de la voz y dio un golpe en la mesa del comedor. Sebastián vio que su madre estaba sentada en una silla de la mesa del corazón llorando mientras su padre se encontraba moviéndose de un lado al otro de la sal del comedor, mientras hablaba con voz alta y muy enfurecido, mientras su madre lo oía sollozando.
En un momento de la conversación oyó a su padre como insultaba a alguien que no se encontraba en la casa sin mencionar el nombre, por la conversación dedujo que se refería a su profesor de gimnasia, mientras su madre decía que él no tenía la culpa de nada.
Apartó un momento su mirada del cerrojo, bajó la cabeza para pensar que es lo que estaba oyendo y a que se debía esa discusión tan acalorada. Como no podía deducir nada volvió a mirar por el ojo de la cerradura, en aquel instante que volvió a mirar por el cierre, pudo volver a comprobar como el padre le decía a su madre que la culpa de todo no era del profesor de gimnasia sino de él mismo por no saber defender a su mujer cuando ella lo había necesitado.
Su madre, entonces cogió fuerzas se levantó y se enfrentó a las palabras hirientes de su marido. Y le dijo que la culpa era de ella, porque no lo amaba lo suficiente, ya que no había sincero con ella, no había sido cariñoso ni le había hecho sentir como le hacía sentir el profesor de gimnasia.
Todo lo que estaba oyendo a Sebastián le pareció como si un cuchillo helado le hubiese entrado en su estómago y se quedó estupefacto, no podía creer que su madre le había sido infiel a su padre.
Estuvo a punto de quitar la mirada del ojo de la cerradura pero pensó que debía seguir observando por si había alguna cosa más que él no sabía.
Continuó con la mirada indiscreta porque él sabía que la conversación no había terminado, ya que su padre comenzó a llorar y se dirigió a su esposa y sollozando la abrazó y la pidió perdón. Eso a Sebastián le causó un impacto porque no pensaba que después de la conversación tan acalorada su padre podía perdonar a su esposa después de lo que le había dicho. Sin embargo, así fue, pero parece ser que la conversación aún no había concluido.
Su madre se levantó de la mesa y le empezó a su marido la siguiente historia.
No creas que el profesor de gimnasia de Sebastián es quien parece que es, no es así. Te voy a explicar una historia que se remonta a cuando yo era muy pequeña.
Mi madre, tu suegra, estaba en estado de buena esperanza y se fue a la clínica a dar a luz a un hijo o hija, aún no le habían dicho que sexo tenía porque en aquel entonces no había tantos adelantos.
Cuando llegó mi madre a casa, llegó llorando y me dijeron que mi hermano había muerto.
Después de mucho investigar he sabido hace poco que el profesor de gimnasia es mi hermano que le robaron a mi madre.
Después de oír esta historia mi cerebro empezó a atar cabos.
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